
Estamos en guerra.
Todo el mundo. En guerra total. Pero no me refiero a la guerra convencional sino a la guerra cotidiana de todos los dias. Una guerra que por su carácter de presencia en todo momento y continuista, ha dejado de percibirse como tal. Me explico:
Millones de espermatozoides entran en guerra. En una carrera a muerte en el que sólamete el primero que llegue a la meta se llevará el premio. Ésta es la primera de las luchas de la vida; después vendrán muchas más. Desde que nos conciben empezamos con la batalla. Nuestras defensas empiezan a luchar, a entrenarse contra todos los invasores que intertarán enfermarnos, y después de cada batalla perdida y ganada, nos fortalecemos.
El niño de al lado desea nuestro jugete preferido. Él tiene uno, pero quiere más, quiere también el mío. No se lo permitiré.
Esa chica de ahí es muy guapa. Me gusta. Pero está mirando a Alfonsito... Odio a Alfonsito. Veré lo que hago para eliminarle. Quizá me compre esos pantalones que me marcaban más el paquete, y comprarme colonia nueva. Tengo que conseguir que salga conmigo.
Mis padres no me entienden. No me dejan hacer lo que quiero cuando está claro que es lo mejor para mí. ¿Cómo me las apañaré para engañarles? Son muy duros de pelar.
El profesor me tiene manía. No me quiere aprobar. Sin embargo a Alfonsito le aprueban todas. Es posible que tenga que estudiar más.
En la entrevista de trabajo de hoy había mucha gente. No sé que tal me irá. Quizá tenga que prepararme más para quitarme a toda esta gentuza de encima.
El jefe quiere que haga una hora más al dia pagándome lo mismo. ¡Qué cabrón! En cuanto pueda se la juego.
Estamos en guerra.


