jueves, 20 de agosto de 2009

Publicidad

Me gusta la publicidad. No sé, siempre me ha atraído. Es por ello que se me ha vuelto a ir la pinza y voy a comentar algunas cosillas.

No entiendo por qué, a mi modo de ver, los señores responsables de una marca se gastan la pasta en realizar campañas, a veces malisísimas.

Vamos a ver... ¿Pero quién cojones tiene el váter tan sucio como el del anuncio del Cillit Bang? Vamos no me jodas! es que ni los de "Gente pez"

¿Descargate la melodía? Impresionante


¿Y lo de las chavalas ohdiosmioquebuenaestá y mariculoperfecto anunciando el gel anticelulítico?


Con esa cremita con extractos de café y naranja de Valencia se te quedará este culito

¿Y la ridícula escena del Mon Cheri? ¿Existe gente así?

Pero lo realmente denigrante es que ruedan un anuncio en español, y luego lo doblan al español otra vez, pero mal de cojones. Primero, pobre actor de anuncio que ve que le cambian la voz para nada. Segundo, la voz la eligen cuatro gilipollas, porque se nota a la legua que no corresponde con el personaje, o sea, que no le pega ni con pegamento de cinco componentes. Y tercero, ¿Tan difícil es hacer coincidir la voz doblada con los movimientos de la boca del actor?

Menos mal que para compensar existen joyas de la publicidad justamente premiadas.

A mi me gustaba un anuncio ya antiguo en el que se veía a una pareja en un coche. Él iba al volante y ella iba durmiendo. Se notaba un ruidito molesto en el viaje y paran en una gasolinera en la cual, además de repostar, el gasolinero se pone a ver de donde sale el ruidito. Después de mirar un rato, el gasolinero balancea el coche empujándolo lateralmente, produciéndose el ruidito y descubre que eran los pendientes de la chica que al balancearse, chirriaban un poco. El gasolinero daba un poco de aceite a los pendientes de la chica (que seguía durmiendo) y fin de la historia.

Otros anuncios que me gustaban muchísimo son los de las marcas deportivas en los que salen estrellas de futbol en escenarios inverosímiles haciendo de las suyas. Muy buenos todos. Sobre todo me gustaba uno en el que jugaban una compilación de estrellas del fútbol contra unos demonios y al final, después de mucho batallar, Cantoná se sube el cuello de la camiseta y dice "ou revoire", chuta el balón, el portero demonio extiende sus alas ocupando toda la portería, y el balón atraviesa al demonio por el pecho. Cósmico.

Ahora bien. El máquina de la publicidad, el Rey de los anuncios, el Ayatolah del Spot no es ni más ni menos que un hombre que se atrevió a decir al consumidor la verdad, sin trampa, sin cartón y sin mentiras. Un hombre que asombró al mundo contando las excelencias de su producto y luego dijo: "busque, compare, y si encuantra algo mejor, cómprelo". Manuel Luque.


El puto amo

miércoles, 12 de agosto de 2009

Lo que saben y dejan de saber

Me dijeron una vez, en mi periodo de aprendizaje adolescente/juvenil, que las personas se dividen en cuatro grandes grupos respecto a lo que saben y su conocimiento de ello.

El que sabe y sabe que sabe. Es un genio. Síguele
El que sabe y no sabe que sabe. Está dormido. Despiértale
El que no sabe y sabe que no sabe. Es humilde. Ayúdale
El que no sabe y no sabe que no sabe. Es un necio. Huye de él
Siempre me ha encantado este postulado y para mí es una ley universal.
Y ahora dime, querida abuelita, ¿podrías poner un ejemplo de cada?

jueves, 6 de agosto de 2009

Perro cabrón


Hace diez años, mi ex vino un día a casa con una bolita de pelo entre los brazos.


- Ella: ¡Mira, un perrito!

- Yo: ¿Comooooorl?

- E: ¡Un perrito! ¡Todavía tiene los ojos cerrados!

- Y: ¡Pero bueno! ¿De dónde lo has sacado?

- E: De un albergue.

- Y: Pe- Pero quién cojones te manda...

- E: Anda... porfi, porfi, porfi...

- Y: ¡Que no! ¡Devuelvelo!

- E: Porfi, porfi, porfi...

- Y: Que noooooo

- E: Porfi, porfi, porfi...

- Y: ¡Que te he dicho que no!

- E: Porfi, porfi, porfi..., anda, mírale la carita!


Ahí fué donde cometí uno de los errores más graves de los últimos diez años. Miré la cara del perro. Era clavado al del anuncio de Scotex (por cierto, señores de Scotex, aunque este blog no lo lea ni Cristo bendito, no se olviden que les hago publicidad), y no pude resistirme a ablandarme un poco. Fui incapaz.


- ¡Vale, vale! Pero que conste una cosa: del perro te ocupas . Osea, le das de comer, le das de beber, le atiendes, y sobre todo, le sacas a la calle.


Por los cojones


En un par de semanas yo le daba de comer, yo le daba de beber, yo le atendía y sobre todo, yo le sacaba a la calle.


Pero, ¡Ay, amigo! todavía no sabía las horas de trabajo gratuito que me iba a chupar por tener al perrito en el piso. Porque además de todo lo anterior, el pero mancha de cojones. Es una puta máquina de manchar y de echar pelo, que hay que joderse, diez años echando pelo y sin haber hecho un puto cojín.


Cuando me separé de mi ex (gracias por llevártela, querido desconocido), los bienes ganaciales en su ruleta del destino hicieron que me quedara con el hijoputa del perro y, como no, todavía sigo sufriéndolo en silencio.


Después, y gracias a la Moira, el destino quiso que otra mujer (te quiero Rocío), compartiera sus momentos conmigo, con una hija maravillosa que tenemos en común y, como no, con el perro.

Al principio estaba un poco escéptico en cuanto al tema de cómo se iba a portar el perro con la niña, pero al parecer, el cabroncete, que por cierto, ya no se parece al perrito de Scotex, sino al perraco que sale en la publicidad del pienso para perros, se llevó bien con ella desde el principio. (Señores de Scotex, me debeis otra)


En resumidas cuentas: Pepe, (así se llama el cánido) estoy esperando a que te mueras para dejar de trabajar para tí. Y no te mato con mis propias manos porque... porque... Buah! A quién voy engañar. Porque te he cogido cariño.


Dedicado a todos los seres humanos que hacen que la vida de un animal sea digna, que también tienen derecho.